4 meses.
Cuatro meses han pasado desde que dejé el cigarro de manera definitiva; desafortunadamente mi consumo de café se ha duplicado. Con esta bebida tengo una relación añeja: de ser consumidor ocasional hasta intento de barista. Como ya no me permito el vicio de echar humito, me conformo con el de quemarme la lengua a tragos (me gusta bien caliente). Hay días en que ingiero unas cuatro tazas “estándar” ¿Será eso sano?
En fin, al menos trato de consentirme con elaboraciones de buena calidad y no caer en las garras de esas cafeterías que-hay-en-todos-lados, aunque, claro, de vez en cuando me gana la tentación.
Oh, oh. Son más de las 4 a.m. ¿Dije cuatro tazas? Creo que hoy fueron cinco.







6 Comments
No sabía que fuiste fumador compulsivo.
A mi el café me desespera, lo evito.
Saludines.
no pasa nada, se supone que una taza es buena para la salud, sin embargo todo con exceso es dañino, menos el amor eh!.
besitos mua mua!
@Razi: Pues compulsivo, compulsivo, no fui. Nunca me fue necesario fumar… de verdad me gustaba el sabor. Pero hay que ser sensato, el cuerpo sólo aguanta ciertas cosas, prefiero el cafecito (si es de Veracruz, mejor).
@Joe: ¡Ah, claro! Menos el amor.
mmm … cafecito … soy adicta también!
@Ties: Cuando llegues nos damos el tour por unos buenos sitios.
De algo se tiene uno que morir. Yo prefiero atizar la gastritis con una tacita de café, el cigarro me enfermaba la garganta.
La verdad es que con moderación no pasa nada. Ya lo dice el refrán: poco veneno no mata.
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[...] Tomar café. No puedo parar. [...]