El barrio

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Dice así en la investigación elaborada por un servidor y Kramer:

No hay espacio o, mejor dicho, contamos con vastas extensiones de no-espacio; áreas ocupadas, arrancadas sistemáticamente de las comunidades que, por derecho, exigen su devolución. El mexicano se aferra a su barrio. Representa su lugar en el caos, único refugio constante. El barrio es el pasado y, segura la incertidumbre del futuro, el único tesoro digno de salvar. Para lograrlo, pocos arriesgados han emprendido guerras sin cuartel, guerrillas semióticas con la esperanza de hacer mella, aún insignificante, en éste proceso de alienación. La gran mayoría de ellas ha transcurrido sin eco; nacen, florecen y, en algún punto, se ven corrompidas o absorbidas por el flujo principal. Se vuelven moneda corriente y desaparecen.

Mestizos ahora, buscamos identidad donde antes no lo hicimos y damos voz a nuestras inquietudes en una regresión hacia los muros. Anclamos un pie en parajes conocidos para estirar el otro hacia el futuro. Y se presenta como tabla rasa el amanecer de un siglo.

Alan Riding lo expone desde otra perspectiva en “Vecinos Distantes. Un retrato de los mexicanos”:

En un entorno de desorden aparente, [el mexicano] puede improvisar, crear y, finalmente, imponer su personalidad a las circunstancias. En el fondo, en aras de expresar su individualidad, contribuye al desorden.

Sí y sí, justo en clavo.

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    Javier Sánchez, comunicólogo visual, fotógrafo y editor; colaborador de la Maquiladora de sueños.

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