[Disculpas]
Últimamente no he dedicado a este lugar el tiempo que se merece, lo que es peor, me parece que mi inconstancia es más una falta de respeto al puñado de lectores que se pasea frecuentemente por aquí. A ustedes, una disculpa.
[Cosas nimias]
No suelo contar mucho de mi vida personal, nunca comencé esto con la intención de volverlo sólo una bitácora íntima (aunque lo es en su mayoría). Pero ahora debo culpar a esta vida privada mis descuidos por las latitudes digitales, contarles que vengo esgrimiendo desde hace varias semanas una ocupación repleta de responsabilidades y recompensas. Me ha orillado un tanto a dejar en segundo plano los ejercicios de esta clase. En fin, todo es distinto y, a la vez, mejor.
[Fotos]
Ahora lo importante. Por fin pude tomarme este fin de semana largo para complacerme (y complacerlos, con un poco de suerte) publicando una toma nueva en mi fotoblog, la primera de una tanda bastante extensa que verá la luz poco a poco. Ojalá y me tome más en serio las labores del blogging, porque esto de andar pariendo momentitos aleatoriamente no siempre resulta en la mejor de las intervenciones.
Lo que sigue ya es pura indulgencia.
[Robots]
Otras bondades de la vida me llevaron al concierto de Daft Punk en la Ciudad de México, también encontré (y adquirí sin titubear) un LP de Trans-Europe Express de Kraftwerk a un precio más que razonable. Justo hoy lo escuché… oh, sí, lo olvidaba, deben saber que leen a un melómano tan empedernido como cualquier otro adulto joven lo puede ser en esta época de iPods, reproducciones sin orden y consumo relámpago. La diferencia es que encuentro cierto romanticismo en el negro medianoche de esos discos de vinilo, su interminable andar por el plato de la tornamesa es un acto hipnótico. Temprano, mientras el café caía en la máquina, coloqué la aguja sobre el lado A con extremo cuidado y pronto esos rostros semi plásticos de la portada brotaron de entre los surcos para acompañar la nublada mañana con una sinfonía meramente hermosa; “Europe endless” sonaba. Me encanta esa composición, la forma en que acaricia los oídos con sus revoloteantes sintetizadores. Nada tiene de amenazante, por el contrario, los hombres-máquina parecen estar prestamente apuntando hacia un futuro esperanzador que no culmina en nuestros días, tómese a Daft Punk como ejemplo, mismo mensaje con un leve giro hacia el pop. Al menos yo trato de verlo como paralelismo.


El punto es, abusando de su paciencia, amigos, que la conjunción de ambas agrupaciones (un dúo y un cuarteto) en mi espacio anímico desembocó en dicha simpática. Estoy de buen humor, con deseos de nunca salir de ese status placentero que encuentro lo mismo en la música que en la buena compañía de mis libros favoritos, un plato de pasta u otro deleite sensorial, sobre todo cuando me les entrego en Domingo.
[Desenlace]
Ahora sí, hasta la próxima emisión. Esperando que no me tome mucho.








2 Comments
Pa la próxima, nos acompañamos de un buen plato de pasta. Lindo leerle después de tanto tiempo amigo. Ah, por cierto, por aquí tengo a muchos envidiosos de su concierto de Daft Punk.
¡Te estaré esperando, Ra! Conozco el lugar ideal para esos encuentros.